En Silencio y Escuchando, Por Molly Kate Brown

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Conócete a Ti Mismo para Conocer a Dios

Se dice que la Tierra gira alrededor del sol a una velocidad de 67,000 millas por hora mientras que nuestro sistema solar gira alrededor de la galaxia de la Via Láctea a 514 millas por hora. A nuestro sistema solar le tomaría 230 millones de años girar alrededor de la Vía Láctea, que es una de las muchas galaxias que forman lo que se conoce como el Grupo Local.

El Grupo Local de galaxias a su vez se lanza a 375 millas por segundo hacia el Cúmulo Virgo, un enorme conjunto de galaxias a 65 millones de años luz de distancia. Las nebulosas explotan y agujeros negros tragan estrellas, todo esto sucediendo en una sopa cósmica de neutralidad.

Esta magnificencia ocurre mientras nosotros estamos atados la Tierra por la fuerza perfecta de gravedad, respirando la cantidad perfecta de oxígeno que sostiene la vida en nuestra atmósfera.

Nuestros átomos se formaron en el horno de estrellas antiguas. Esta poderosa inmensidad es nuestra esencia. Surgimos del suelo de exquisito resplandor que dio origen al murmullo de la existencia.

Nuestras células resuenan con la canción de la creación, así como también perpetúan la creación en su despliegue presente. Si somos la energía divina, ¿cómo es posible que ocurran los horribles actos de violencia? ¿Cómo es posible que la Madre Tierra se contamine diariamente a pesar de que, de hecho, dependemos de ella para nuestra supervivencia?

Mientras que las respuestas a estas preguntas son multifacéticas y complejas, pueden ser reducidas a lo siguiente: Hemos olvidado lo que somos. Hemos perdido contacto con la realidad de que somos seres divinos sinónimos de creación.

Este olvido trascendental es la única caída de gracia que jamás haya sucedido. Sin embargo, esto no altera el hecho de que somos creadores divinos, vivientes, responsables de nuestras realidades individuales y colectivas. Un sabio dijo una vez que la falta de conciencia de los peces acerca del agua no altera la relación de los peces con el agua.

El Campo de Entrenamiento de la Conciencia

La comprensión de que somos la divinidad manifestada en nuestro ser – que somos creadores poderosos – no ocurre al nivel de la mente pensante. Se logra experimentando con nuestro ser entero en el campo de este momento presente, devolviendo la conciencia al cuerpo, a la respiración.

Este cuerpo, este templo milagroso, es el recipiente donde ocurre esta experiencia alquímica. Es el campo de entrenamiento para la conciencia del momento presente. Es el lugar donde nuestras sensaciones físicas – nuestros malestares, resistencia contraída, tristeza, enojo, dolor, juicio, odio, trauma, percepciones erróneas, malos entendimientos, proyecciones, el ego y otras creencias limitantes – se revelan a nuestra sabiduría, nuestro conocimiento, nuestra seguridad, nuestra comprensión.

Es dentro del marco del cuerpo que podemos vislumbrar nuestra exquisita naturaleza verdadera y, con eso, el potencial que existe para la humanidad.

Es a lo que me refiero como al gran recuerdo. Es un regreso a la comprensión de la experiencia interna de que todo es sagrado, todo es divino. Al retornar al momento presente – un proceso que a la mayoría le toma muchos años (algunos dirían vidas enteras) – nos enfrentamos a nuestros críticos internos y al auto-juicio. Nos volvemos más compasivos hacia nosotros mismos y los demás a medida que las limitaciones creadas por la mente se disipan con la revelación del unísono hecho por la Mente del propio yo y la Divinidad.

Dejamos de resistir a lo que se está desarrollando, pero no de una manera complaciente. Al liberarnos, nuestro verdadero poder nos guía hacia lo que contribuye a mayores utilidades. Este ahora centelleante, este momento presente, exquisito, dinámico, y divinamente eterno del que hemos surgido (y que permanece junto a nosotros) está aquí para que lo recordemos.

La paz interna, y por lo tanto la paz en la Tierra, sucede al grado en que nos volvemos conscientes del presente. Libre albedrío es libre albedrío. Mientras que somos creadores divinos, lo que hacemos con nuestro entendimiento, nuestra conciencia es lo que elegimos. Si optamos por nadar en la resistencia, el miedo, el juicio y la negatividad hacia uno mismo y hacia los demás, esto se convertirá en una realidad que persistirá y la vida útil de la humanidad será más corta y estará más plagada de discordias que si elegimos lo contrario.

Nuestros pensamientos y acciones son impactantes. Ninguna persona es responsable de la realidad colectiva. El momento presente que estamos viviendo es la suma total de todos los momentos previos. Sin embargo, la buena noticia es que dado que el pasado, el presente y el futuro están sucediendo ahora, ya existen soluciones a los problemas creados por el hombre. El presente, este mismísimo momento es potente.

Pasa Tiempo en el Silencio

Para hacer contacto con el momento presente, que es sinónimo de nuestra divinidad, debemos pasar tiempo en el silencio. El silencio es necesario porque la gran velocidad de nuestra mente es tal que los patrones sutiles de hábitos mentales que nos afectan negativamente a menudo se obscurecen bajo capas de ruido mental.

Dos minutos, veinte minutos, una hora, cuanto más, mejor, y cuanto más consistentemente, mejor. Cada año, asisto a un retiro de silencio de diez días y me esfuerzo por sentarme por una hora o más diariamente, mientras realizo actividades cotidianas para práctica consciente.

Conozco a personas cuyo lema es, “tiempos cortos, muchas veces,” meditando todo el día durante cinco minutos aquí o quince minutos allí. Consistencia y persistencia son de la máxima importancia. Ultimadamente, tu vida es la práctica. ¿Sientes los pies en la Tierra? ¿Sientes la briza en tu piel? ¿Oyes el trino de los pájaros o el murmullo de las hojas?

Durante este tiempo de silencio, nuestra comprensión, nuestra consciencia son llevadas a los sentidos físicos o las sensaciones de las respiración dentro del templo del cuerpo. Cualquiera que sea nuestra experiencia, no la juzguemos. Simplemente atestiguemos y permitamos.

Este puede ser un ejercicio sumamente difícil. A menudo, cuando nos enfrentamos a la sensación física de la incomodidad en nuestro interior – tristeza, pena, trauma, dolor – el patrón de hábito mental es rechazarlo con lo cual perpetuamos la historia externamente en lugar de mantener nuestra conciencia en las sensaciones físicas permitiendo la incomodidad sin juzgar cómo creemos que las cosas deberían o no deberían ser.

El nacimiento y la destrucción al nivel cósmico de las galaxias y las estrellas son eventos neutrales. Permanecer con el malestar – con la experiencia del momento presente – es muy difícil y requiere mucha más destreza y valor que la reacción instintiva y la perpetuación de la vieja historia. Una historia superpuesta a otra historia sobre uno mismo o sobre otros por evitar el dolor – la incapacidad de permanecer con lo que se siente mal al nivel de la sensación – es una de las formas en que las aguas de nuestra realidad personal y colectiva se enturbian.

Así como la araña teje su tela, nosotros somos los creadores de nuestras realidades individuales y colectivas. Se ha dicho que las semillas que plantamos hoy producen los frutos de nuestros mañanas. Haz tiempo y ten el valor de conocerte a ti mismo si deseas conocer a Dios.

Debido a que no usamos un switch para residir de repente en el momento presente, hacerlo requiere práctica – la práctica de sacar la comprensión, la conciencia, del atolladero del pensamiento y devolverla al templo del cuerpo.

Cultiva la Conciencia

La conciencia se cultiva. Con este cultivo, nuestra realidad tanto interna con externa se vuelve sutil, más refinada, menos fija. También se vuelve una cuchilla afilada con enfoque único que puede atravesar fácilmente la ilusión, a través de creencias que limitan del “yo y los demás,” conceptos y nociones.

Un viaje que comienza en el interior tiene el potencial de conducirnos a los más lejanos confines de la eternidad. Una gota de agua que cae sobre una roca una o dos veces no tiene impacto. Lo cierto, sin embargo, es que una gota de agua que cae persistentemente con el tiempo puede abrir un agujero en la escala del Gran Cañon. Lo mismo sucede dentro del templo de nuestro ser, ya que cualquier distorsión negativa se borra para revelar la exquisita grandeza que siempre ha estado ahí.

Con persistencia y dedicación, los patrones mentales se vuelven transparentes, porosos. Nuestra luz brilla con el resplandor de nuestra conciencia. Dejamos de respirar distorsiones negativas que se convierten en realidad. Nuestra luz se vuelve un faro para nosotros y también sirve como una mecha de la cual otras velas pueden encontrar la llama.

Despertamos a la verdad de lo que somos, lo que hemos sido siempre. Nuestra intuición o conocimiento interior se refina simultáneamente para que la brújula interna se vuelva fuerte, lo que nos permite tomar nuestras señales desde adentro, no de eventos u opiniones externas. Las partes poderosas y más grandiosas de nosotros pueden servir como fuentes de consuelo y guía cuando nos contraemos por el dolor o el miedo.

Todos tenemos la capacidad de profundizar en el silencio interno y descubrir el cielo que ya está aquí, ahora. La única y más sagrada peregrinación que jamás harás es exactamente donde estás ahora.

A pesar de lo que esté sucediendo en el escenario de la humanidad, esta realidad verdadera siempre está presente. Podemos perder el contacto con ella en nuestras vidas completamente y confiar en la turbulencia que hay en la superficie del agua para que guíe a nuestro ser o podemos entrar y hacer contacto con la poderosa sabiduría desde la profundidad de la Fuente que dio a luz todo y dejar que ésta informe nuestras elecciones y acciones.

Tomemos responsabilidad de lo que es, en vez de temer lo que es. Miremos en el espejo, profundicemos y realmente escuchemos. Desarrollemos oídos para escuchar la música silenciosa.
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Traducción: Rev. Martha Topel
CSL Redondo Beach, CA.

 


2020-11-24T12:37:17+00:00

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